Sigo derramando mis lágrimas, ya escazas, por ti. Sigo pensando en que todo esto era nuestro, tuyo y mio, era de nosotros, era de nuestro futuro. Y ahora estoy aquí solo, triste, recordándote y llorándote cuando ya no vales la pena, cuando me lastimaste tanto, cuando me rompiste en miles de pedazos dejándome inútil, descompuesto, muriéndome por dentro.
Yo si sigo llorándote y me sigo preguntando por qué si me trataste tan mal, por qué me sigo doliendo al ver una imagen tuya, al encontrar un parte palabras de ti, nadie muere por una ausencia, pero la vida se vuelve más difícil, tal difícil.